jueves, 9 de diciembre de 2010

La soledad de los ascensores.

La soledad del ascensor es la más cruel de las soledades. Es única e incomparable.

No es como la soledad de tu casa, ahí tenés miles de cosas para hacer, lugar para pararte y estar... bueno, solo. Espejos con espacio para posar . Comida, ambiente no-libre de humo para fumar. Internet, tal vez? Una ventana, paredes... en fin, la soledad de tu casa es la soledad de TU CASA.

Tampoco es como la soledad de un parque, te vas al parque Centenario un miercoles 16 de Junio a las 11 de la mañana y estás más sólo que nerd en Pachá. Pero no estás libremente solo.

No se parece tampoco a la soledad de una isla desierta, es tan amplia y... desierta! Que podés hacer cualquier cosa. Y hasta quizás... ni siquiera estés tan solo como pensás.

En fin, hay muchas soledades. Pero la soledad del ascensor, como dije, es única e incomparable.... Tenés el ascensor amplio y espacioso de los edificios modernos, esos altos. Es tan largo el camino y tan amplio el ascensor que podés aprovechar para hacer tus 30 minutos de footing diarios. Pero si estás en uno de esos ascensores, seguramente venís a algún tipo de evento formal... seguramente estas formalmente vestido. Y no podés salir de ese ascensor, formalmente chivado!! Nooo daaaa, gooorrrdoooo.

También existe el ascensor "melodioso". Ese con música ambiental, una melodía muy similar a la que escuchás cuando llamás a Atención al Cliente y te piden que aguardes en línea "para confirmar los datos" (sí, claaaaaro). Nunca voy a entender para qué te ponen música por un viaje de 30 segundos... acaso vas a mejorar mi día con esa canción poronga, hijo de puta?! O te pensás que mi vida va a ser menos problemática por escuchar 30 segundos de esa composición decadente y soporífera compuesta, vaya a saber por qué músico mediocre que se avergüenza de decir en público que su banda se dedica a componer "música de ascensores"?!?!?!?!?!

Después tenemos el ascensor heavy metal. Está mas roñoso y destartalado que la F1 del verdulero indocumentado del barrio y en él viajan junto a vos una cantidad tal de criaturas unicelulares que sólo podría compararse a un continente de rubias de Pachá (y daaaale que la tengo con Pachá).

No nos podemos olvidar del ascensor subte, también es un espécimen que se encuentra en edificios propios del microcentro moderno: te subís, inhalás, exhalás y bajás (es casualidad que esas dos palabras lleven H intermedia?!). O sea.. el viaje en ese ascensor es un abrir y cerrar de ojos, ni lo sentís, así que mucho menos podés sentir en el la soledad de la que te hablaba antes.

Tenés también el ascensor de puerta corrediza, prueba irrefutable para novios potenciales en una primera cita: Si no te abre y cierra la puerta, no te hagas ilusiones. Pulula por ahí también el ascensor pecera, integramente constituido por cristales, si sufrís de vértigo mejor usá las escaleras porque el corazón se te planta en cacerolazo. Y cómo olvidarse del ascensor afrodisiaco?! ¿Es necesario explicar que este prototipo parece pedir a gritos que interpretes una breve escena porno en su interior? Y el ascensor Cajita feliz?! Todos alguna vez nos subimos a ese ascensor. Es el que tiene un botón ENORME y ROJO que dice "Presione sólo en emergencia"... nunca nadie se sintió como un niño desesperado por presionar el botón y ver que pasa, o salir corriendo o hacerse el boludo o... ETCETERAAAAA....???? A mí, por lo menos, me pasa con cada ascensor que tiene un botón ENORME y ROJO de emergencia.

Y me faltan muchos más pero acá el quid de la cuestión era desarrollar el tema de las soledades del ascensor. O más bien, LA soledad del ascensor. Es una soledad única e incomparable (Ya lo dije?) porque estás ahí, sólo, frente al espejo o frente a la pared de metal o frente a la pared de fórmica barata toda mamarrachada por los villeros que viven en tu edificio (y pagan 500 mangos solo de espensas), o frente a la etiqueta de la administración que avisa que 'la próxima desinfección se efectuará el día 18/11 a las 19.45" y de repente te das cuenta... que estás sólo, y en libertad, pero no podés hacer efectivo tu libre albedrío porque no podés irte a ningún otro lado, tenés que usar ese ascensor, tenés que estar ahí, en ese preciso lugar y en ese preciso momento, solo. Vos. Y nadie más. Y no te queda otra que esperar a que el ascensor pare para que dejes de estar obligado a estar ahí solo, vos y tus pensamientos. Y cuando el ascensor tiene espejo... cagaste!! No te queda otra que mirar el espejo. Sí, yo también me doy vuelta y le doy la espalda al espejo, pero estoy segura de que vos, como yo, podés, aún de espaldas, sentir a tu soledad aguardandote ahí, en el espejo. En ese espejo que no queres mirar. Porque no es como el espejo de tu baño que lo mirás cuando te querés mirar. Es un espejo que miraste obligatoriamente cuando subiste al ascensor. La situación te OBLIGO a mirarte al espejo y verte OBLIGATORIAMENTE solo y OBLIGATORIAMENTE atrapado en un ascensor, sin posibilidades de escape.

Y si no me creés, hacé la prueba la próxima vez que subas a un ascensor. Traé a la conciencia la paranoia que TODOS los que alguna vez tomamos un ascensor tenemos apelmazada bajo un manto de naturalidad cuando subimos a un ascensor y revoleamos los ojos, miramos el techo, cruzamos las manos sobre la panza, o la ponemos en la cartera, nos arreglamos el pelo, el abrigo o nos atamos los cordones de las zapatillas que ya fueron perfectamente atados antes de salir, agarramos las llaves como preparandonos para abrir la puerta, cuando en realidad estamos intentando huir de la tremenda soledad que nos provoca la soledad de los ascensores. Una soledad única... e incomparable.

¿O acaso soy la única que se queda con la mano en la manija de la puerta corrediza esperando para salir los mas rápido posible del ascensor?

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